Irregular filme de Gorge Verbinsky que narra la vida confundida de un metereólogo, protagonizado por Nicolas Cage. Dave, su persoçnaje, es un persona sombria, sin un objetivo claro en su vida. Era más bien un hombre confundido, que no sabía bien quién era ni qué deseaba realmente. Admiraba a su padre y eso en cierta forma marcaba el rumbo de lo que quería llegar a ser: un hombre exitoso. Pero Dave confundía el verdadero sentido del éxito, o al menos, no lo tenía claro. Era un hombre que tenía un trabajo relativamente fácil, pero que le daba un ingreso económico necesario para vivir cómodamente sin hacer mucho. Era una rutina que lo había hecho muy competente en eso, sin darse muy bien cuenta que eso era quizá una traba en la búsqueda de un objetivo mejor.
Sin embargo, no es eso lo que lleva a Dave a sentirse un tipo “extranjero” en su propia ciudad y menos en su propia familia. Era su “incapacidad” para tener buenas relaciones con su propia familia y su entorno. Ni su esposa ni sus propios hijos se sentían bien o conformes a su lado. Su esposa lo “marginaba” porque lo “conocía” pero sus hijos también sentían un desinterés o apatía por él pero porque no lo “conocían”.
Al parecer el problema de Dave es mucho más antiguo de los hechos que la película narra. Pareciera que ello vendría desde su propia infancia. Es posible que Dave arrastrara una “inseguridad” aparentemente desde su infancia –una sutil crítica al desmembramiento de las familias en la sociedad norteamericana- y que había tomado fuerza en la edad adulta.
Y he aquí la confusión de criterios para desear un “objetivo” en la vida. Dave estaba modelado y contagiado por el éxito que su padre siempre tuvo en la vida: lo admiraba por eso –su padre era un escritor, había escrito una novela importante en su juventud y había ganado un premio por él; Dave cuando se tomó cuatro años para escribir una novela, fracasó (eso se llega a saber en uno de las mejores escenas de la película)- pero “eso” justamente deformaba el real objetivo de su vida. Él quería alcanzar el éxito como su padre; no alcanzar su propio éxito. Para Dave, el objetivo de su vida estaba en lograr un respetable éxito en lo profesional (que lo llega a “alcanzar” al final de la película), no tanto en lo familiar o personal, por eso había descuidado o no tenido conciencia en ser “exitoso” con su propia familia, y menos en sentirse él mismo exitoso con lo que era.
¿Pero quién era? ¿Por qué no llega a ser exitoso en su vida conyugal y familiar? Las dos preguntas tienen casi la misma respuesta. El no saber priorizar lo que realmente es más importante en la vida y que termina siendo la base de ella: el encontrar su verdadera identidad, en querer ser realmente cómo uno quiere ser, en aceptar con temple tanto los éxitos como los fracasos y, sobre todo, en saber que la vida –una vida- puede estar compuesta de grandes alegrías como de infinitas tristezas.
Pero hay algo más. Habiéndose formado erróneamente durante su vida ( ) Dave no tenía los “recursos emocionales”, para encontrarse a sí mismo y menos para formar otra vez una familia. Por eso fracasó el intento de volver con su esposa. La película quizá no lo muestra explícitamente, pero se puede “sentir” que Dave estaba mal o demasiado confuso psicológicamente cuando esto ocurre. La ayuda ya no se lo podía dar él mismo. Necesitaba de alguien más. Un terapeuta quizá, que logre hacerle encontrar su “identidad”. Pero ya que la película no va por ese rumbo, necesitaba entonces de quienes componían su entorno más cercano: su familia. Y en este punto se ven dos personas claves, el padre – que había sido un testigo casi presencial de toda su ruina personal- y su esposa, que vivió con él el peor fracaso de su vida: su matrimonio.
Entre los dos, es su padre quien no sólo intentó ayudarlo en sus cosas personales y familiares, sino es quien descubre lo que realmente necesitaba su hijo: el encontrarse a sí mismo. Y gracias a ello, y no por la indiferencia de una esposa que no puede entenderlo, lo que termina haciendo que Dave cambie su forma de ver la vida: en aceptar lo que es él, lo que le gusta, lo que realmente quizá siempre fue su vocación en la vida: el ser “simplemente” un hombre del tiempo.
viernes 6 de febrero de 2009
lunes 11 de agosto de 2008
miércoles 16 de julio de 2008
Saint-Exupéry: una muerte que baja de los cielos
Hace unos días una sorpresiva noticia conmocionó trepidantemente el mundo literario francés y, a la postre, del mundo entero. Los principales diarios del planeta recogieron en sus primeras planas la inesperada noticia de un acontecimiento todavía sensible para el corazón del mundo y que parecía estar zanjado en las entrañas del mito: que Antoine de Saint-Exupéry, el célebre autor de "Le Petit Prince", no había muerto en un accidente de aviación como se pensaba (el mito inclusive llegaba a decir que habia desaparecido misteriosamente de los cielos mientras sobrevolaba con su avioneta la zona de Marsella durante la Segunda Guerra Mundial)
No, la misteriosa historia sobre su muerte, elevada a la cumbre literaria por escritores, periodistas, soñadores y amantes de su obra se rompía, "tout à coup", en las palabras de un ex-piloto alemán de las brigadas nazi. El viejo piloto de 88 años, Horst Rippert, había confesado al diario francés "La Provence", con un tono ambivalente de congoja y orgullo, que el autor de "El Principito" no había muerto en un accidente, sino cuando la avioneta del escritor, un "Lightning 38", fue derivada a causa del bombardeo que su avión emprendió.

"Pueden dejar de buscar", habían sido sus palabras a un coro de periodistas boquiabiertos. "Fui yo quien abatió a Saint-Exupéry". Entre las palabras que sonaban sonaron en el aire como pequeños relámpagos, el ex piloto agregó: "Fue después cuando supe que era Saint-Exupéry... Yo esperaba que no fuera él, porque en nuestra juventud todos habíamos leído sus libros y los adorábamos... Poco después levantaría el tono de su voz para sentenciar: "Si hubiera sabido que él (Saint-Exupery) era el piloto de la nave, no habría disparado... Lo admiraba".
La "cosa" más insólita había ocurrido: uno de los escritores más amados de Francia - Francia equivale a decir del mundo- no había muerto en un accidente aéreo como se creía hasta entonces: había dejado este mundo por el ataque aéreo de un piloto alemán que había leído sus libros y que lo amaba!
De inmediato, la noticia se hizo pública y la merecida interrogante saltó a la conciencia como un animal agazapado. ¿Era posible que una coincidencia así fuera posible? Uno de los escritores más amados y leídos de Francia, autor de obras magistrales como "Correo del Sur" , "Vuelo Nocturno" o el célebre "Principito", y que durante toda su vida como aviador había dado una lección de vida, valor y coraje en cada uno de los vuelos de reconocimiento que hizo, sobre todo el que cursó durante la Segunda Guerra Mundial, había muerto por azar. Su obra, que todavía estaba en camino en el año de su muerte, había influido en miles de jóvenes de toda la vieja Europa que se desangraba por las guerras, y en su corazón como en su conciencia había todavía mucho que decir. "Hay vidas que se van sin que el sentido de la vida, de nuestra vida, quede alterado. Pero hay vidas que cuando se van dejan un cambio irreparable en la humanidad", diría en los años 60' Sartre en un sincero artículo cuando la muerte de Camus. Pues en ese 1944, el funesto año de la muerte de Saint-Exupery, no hubo nadie que lo dijera. Hay épocas como la de aquélla o la de hoy en que es necesario que nuestros mejores hombres vivan, y Saint-Exupery siempre debió vivir.
No, la misteriosa historia sobre su muerte, elevada a la cumbre literaria por escritores, periodistas, soñadores y amantes de su obra se rompía, "tout à coup", en las palabras de un ex-piloto alemán de las brigadas nazi. El viejo piloto de 88 años, Horst Rippert, había confesado al diario francés "La Provence", con un tono ambivalente de congoja y orgullo, que el autor de "El Principito" no había muerto en un accidente, sino cuando la avioneta del escritor, un "Lightning 38", fue derivada a causa del bombardeo que su avión emprendió.

"Pueden dejar de buscar", habían sido sus palabras a un coro de periodistas boquiabiertos. "Fui yo quien abatió a Saint-Exupéry". Entre las palabras que sonaban sonaron en el aire como pequeños relámpagos, el ex piloto agregó: "Fue después cuando supe que era Saint-Exupéry... Yo esperaba que no fuera él, porque en nuestra juventud todos habíamos leído sus libros y los adorábamos... Poco después levantaría el tono de su voz para sentenciar: "Si hubiera sabido que él (Saint-Exupery) era el piloto de la nave, no habría disparado... Lo admiraba".
La "cosa" más insólita había ocurrido: uno de los escritores más amados de Francia - Francia equivale a decir del mundo- no había muerto en un accidente aéreo como se creía hasta entonces: había dejado este mundo por el ataque aéreo de un piloto alemán que había leído sus libros y que lo amaba!
De inmediato, la noticia se hizo pública y la merecida interrogante saltó a la conciencia como un animal agazapado. ¿Era posible que una coincidencia así fuera posible? Uno de los escritores más amados y leídos de Francia, autor de obras magistrales como "Correo del Sur" , "Vuelo Nocturno" o el célebre "Principito", y que durante toda su vida como aviador había dado una lección de vida, valor y coraje en cada uno de los vuelos de reconocimiento que hizo, sobre todo el que cursó durante la Segunda Guerra Mundial, había muerto por azar. Su obra, que todavía estaba en camino en el año de su muerte, había influido en miles de jóvenes de toda la vieja Europa que se desangraba por las guerras, y en su corazón como en su conciencia había todavía mucho que decir. "Hay vidas que se van sin que el sentido de la vida, de nuestra vida, quede alterado. Pero hay vidas que cuando se van dejan un cambio irreparable en la humanidad", diría en los años 60' Sartre en un sincero artículo cuando la muerte de Camus. Pues en ese 1944, el funesto año de la muerte de Saint-Exupery, no hubo nadie que lo dijera. Hay épocas como la de aquélla o la de hoy en que es necesario que nuestros mejores hombres vivan, y Saint-Exupery siempre debió vivir.
lunes 2 de junio de 2008
L´amour sous la peau
Ajourd'hui c'eté une journée difficile, mais la nuit est maintenant belle, aussi belle que la femme qui aime. Plus tard, toutefois, les choses peut-être seront encore meilleures.
Il y a des fois que j'aimerais être un oiseau. Un petit oiseau pour pouvoir voler et connaïtre le monde et les choses qu'il y a là-bas. Pour voir, par exemple, les arbres, les animaux, la mer, et sentir l'air sur mon visage.
J'aimerais voir les âmes des personnes qui veulent un baiser pour pouvoir les embrasser. Mais les personnes ne savent pas embrasser, peut-être parce que maman ne les a jamais embrassé.
Ahh, la fleur était fausse et au printemps maman en effet m'a embrassée.
Il y a des fois comme aujourd'hui que je voudrais être un petit oiseau pour pouvoir voler et arrêter à côté de toi.
Aujourd'hui c'eté une journée difficil, mais demain elle sera mieux.
Il y a des fois que j'aimerais être un oiseau. Un petit oiseau pour pouvoir voler et connaïtre le monde et les choses qu'il y a là-bas. Pour voir, par exemple, les arbres, les animaux, la mer, et sentir l'air sur mon visage.
J'aimerais voir les âmes des personnes qui veulent un baiser pour pouvoir les embrasser. Mais les personnes ne savent pas embrasser, peut-être parce que maman ne les a jamais embrassé.
Ahh, la fleur était fausse et au printemps maman en effet m'a embrassée.
Il y a des fois comme aujourd'hui que je voudrais être un petit oiseau pour pouvoir voler et arrêter à côté de toi.
Aujourd'hui c'eté une journée difficil, mais demain elle sera mieux.
jueves 28 de febrero de 2008
Albert Camus, el moralista príncipe de la literatura francesa
Entre todos los escritores franceses que conozco, Albert Camus es a quien más amo. Nacido en un miserable barrio del norte de Argelia, Camus vivió desde muy niño con la dificil conciencia de verse pobre, huérfano de padre, hijo de madre analfabeta y colono argelino en medio del imperio francés; pero con la admirable condición de poseer una gran sensibilidad, una alta inteligencia, y una efervescente inquietud por comprender el mundo y, más tarde, la ansiada sed por ser un escritor.
Ni la repentina tuberculosis que lo afectaría a los 17 años, ni el movedizo territorio de ser un auténtico pied-noir en la Argelia dominada -y explotada- por Francia, amargaron su vida y, menos aún, bloquearon su aguda sensibilidad, su penetrante inteligencia y su sed de una justicia autenticamente pura; sino que por lo contrario, lo llevaron a indagar en lo mas profundo de sí y de la sociedad de su tiempo, para conocer y comprender en carne propia "lo que era realmente el mundo".
Necesitado de ser partícipe de las luchas de su tiempo, Camus viajó a Francia y pasó a ser parte, casi de inmediato, de la élite de pensadores, intelectuales y periodistas más importante del Paris de aquellos años.
Sin embargo, su trabajo como periodista no le sería suficiente para hacer frente a los reclamos de una conciencia crítica y, más aún, de un espíritu obsesionado por la justicia.
Así, en medio de la crisis social más devastadora de la historia europea -la Segunda Guerra mundial-, publica, en 1942, uno de los libros más importantes de su producción y que lo catapultaría inmediatamente a la fama: "El extranjero",
pequeña obra maestra donde Camus mos da una visión pesimista, nihilista y absurda de la vida, muy en consonancia con el cataclismo moral por la que pasaba Europa en esos dolorosos años.
La novela, donde un hombre -Meursault- es condenado a muerte por no llorar en el funeral de su madre, muestra -como solo los genios lo pueden hacer- el vacío moral, el desencantamiento existencial, la decadencia de los viejos valores y la incapacidad de crear y asumir otros, así como la inquietante conclusión de que la vida era un absurdo.
No pasarían muchos meses para que saliera otra de las obras claves de Camus, "El mito de Sísifo", penetrante ensayo suyo donde nos ofrece la noción teórica de "El extranjero -el absurdo existencial-, con un inicio magistral: "No hay sino un problema filosófoco realmente serio: el suicidio. Saber si la vida vale o no la pena de ser vivida equivale a responder a la cuestión esencial de la filosofía"
Si bien Camus pone a prueba el sentido de la vida y de vivir, y termina comparando la vida -el absurdo de la vida- con el célebre mito de Sísifo -un hombre condenado por los dioses a subir eternamente una piedra hasta la cima de una montaña para, luego caer, volver a subirla-, deja magistralmente una luz, un sentido en "esa vida sin sentido". El hombre, como Sísifo, -explicará- tiene "la triste tarea" de vivir una vida sin un sentido verdadero, que le dé motivos de vivir y sonreír.
Pero Camus, amante de la vida después de todo, se resistirá a aceptar un designio tan desolador como trágico, encontrando casi un artificio para poder salir: si bien el acto eterno de subir una roca es absurdo y agotador, el hombre encontrará esa tranquilidad, descanso y aliento -y tal vez un sentido- en ese brevísimo momento en que la roca cae y el hombre lentamente puede tomar aire y fuerzas mientras baja para volver a subir. "Es verdad -sentenciará Camus-, la vida es absurda, pero hay que imaginar a un Sísifo feliz".

Esta visión "absurda" de la vida, sin embargo, no terminaría ahí. Tres años más tarde, en 1945, luego de la célebre publicación y estreno de su obra de teatro "El malentendido" -estrenada por la mítica actriz Maria Casares-, Camus terminaría esta trilogía del absurdo con la que sería quizá la pieza dramática cumbre del existencialismo francés: "Calígula".
En ella, el absurdo existencial y la conciencia de "un mundo donde todos los hombres mueren sin ser felices", Camus nos plantea que "lo que creiamos absurdo, también es absurdo". Las conclusiones que saca al final Calígula, emperador cruel atizado por las eternas posibilidades de la locura -o de la genialidadad- terminan por hacerle ver que la idea de que la vida no tiene sentido, es tan absurda como querer llevar las consecuencias de ella hasta las últimas consecuencias. "Pensar que hace un momento me burlaba del miedo de los otros, y ahora puedo sentir el miedo en mi piel", es la "sensación" certera de alguien que reflexiona antes de morir en manos de la conspiración.

Pero Caligula no solo es una reflexion del absurdo, también es una curiosa reflexión sobre el amor, la belleza, la mujer y los placeres del mundo. "Éste monstruo del pensamiento" no cree en el amor, o al menos ya no, después de la muerte de su hermana y amante Drusila. "He comprendido que el amor debe terminar porque nos hace infelices", es la frase que finiquita esta idea.
Para Caligula, la belleza, como el placer, deben perdurar en el tiempo y en su vida. Por eso comete todo tipo de actos "despreciables" para lograrlos. El quiere estar rodeado de placer, gracia, belleza y la mujer joven y bella es sinónimo de ello. Por eso no nos extraña que en un momento de la obra, Caligula reflexione para sí, diciendo que es "preferible tener una Drusila muerta que una Drusila vieja"...
Ni la repentina tuberculosis que lo afectaría a los 17 años, ni el movedizo territorio de ser un auténtico pied-noir en la Argelia dominada -y explotada- por Francia, amargaron su vida y, menos aún, bloquearon su aguda sensibilidad, su penetrante inteligencia y su sed de una justicia autenticamente pura; sino que por lo contrario, lo llevaron a indagar en lo mas profundo de sí y de la sociedad de su tiempo, para conocer y comprender en carne propia "lo que era realmente el mundo".Necesitado de ser partícipe de las luchas de su tiempo, Camus viajó a Francia y pasó a ser parte, casi de inmediato, de la élite de pensadores, intelectuales y periodistas más importante del Paris de aquellos años.
Sin embargo, su trabajo como periodista no le sería suficiente para hacer frente a los reclamos de una conciencia crítica y, más aún, de un espíritu obsesionado por la justicia.
Así, en medio de la crisis social más devastadora de la historia europea -la Segunda Guerra mundial-, publica, en 1942, uno de los libros más importantes de su producción y que lo catapultaría inmediatamente a la fama: "El extranjero",
pequeña obra maestra donde Camus mos da una visión pesimista, nihilista y absurda de la vida, muy en consonancia con el cataclismo moral por la que pasaba Europa en esos dolorosos años.
La novela, donde un hombre -Meursault- es condenado a muerte por no llorar en el funeral de su madre, muestra -como solo los genios lo pueden hacer- el vacío moral, el desencantamiento existencial, la decadencia de los viejos valores y la incapacidad de crear y asumir otros, así como la inquietante conclusión de que la vida era un absurdo.
No pasarían muchos meses para que saliera otra de las obras claves de Camus, "El mito de Sísifo", penetrante ensayo suyo donde nos ofrece la noción teórica de "El extranjero -el absurdo existencial-, con un inicio magistral: "No hay sino un problema filosófoco realmente serio: el suicidio. Saber si la vida vale o no la pena de ser vivida equivale a responder a la cuestión esencial de la filosofía"
Si bien Camus pone a prueba el sentido de la vida y de vivir, y termina comparando la vida -el absurdo de la vida- con el célebre mito de Sísifo -un hombre condenado por los dioses a subir eternamente una piedra hasta la cima de una montaña para, luego caer, volver a subirla-, deja magistralmente una luz, un sentido en "esa vida sin sentido". El hombre, como Sísifo, -explicará- tiene "la triste tarea" de vivir una vida sin un sentido verdadero, que le dé motivos de vivir y sonreír.
Pero Camus, amante de la vida después de todo, se resistirá a aceptar un designio tan desolador como trágico, encontrando casi un artificio para poder salir: si bien el acto eterno de subir una roca es absurdo y agotador, el hombre encontrará esa tranquilidad, descanso y aliento -y tal vez un sentido- en ese brevísimo momento en que la roca cae y el hombre lentamente puede tomar aire y fuerzas mientras baja para volver a subir. "Es verdad -sentenciará Camus-, la vida es absurda, pero hay que imaginar a un Sísifo feliz".
Esta visión "absurda" de la vida, sin embargo, no terminaría ahí. Tres años más tarde, en 1945, luego de la célebre publicación y estreno de su obra de teatro "El malentendido" -estrenada por la mítica actriz Maria Casares-, Camus terminaría esta trilogía del absurdo con la que sería quizá la pieza dramática cumbre del existencialismo francés: "Calígula".
En ella, el absurdo existencial y la conciencia de "un mundo donde todos los hombres mueren sin ser felices", Camus nos plantea que "lo que creiamos absurdo, también es absurdo". Las conclusiones que saca al final Calígula, emperador cruel atizado por las eternas posibilidades de la locura -o de la genialidadad- terminan por hacerle ver que la idea de que la vida no tiene sentido, es tan absurda como querer llevar las consecuencias de ella hasta las últimas consecuencias. "Pensar que hace un momento me burlaba del miedo de los otros, y ahora puedo sentir el miedo en mi piel", es la "sensación" certera de alguien que reflexiona antes de morir en manos de la conspiración.

Pero Caligula no solo es una reflexion del absurdo, también es una curiosa reflexión sobre el amor, la belleza, la mujer y los placeres del mundo. "Éste monstruo del pensamiento" no cree en el amor, o al menos ya no, después de la muerte de su hermana y amante Drusila. "He comprendido que el amor debe terminar porque nos hace infelices", es la frase que finiquita esta idea.
Para Caligula, la belleza, como el placer, deben perdurar en el tiempo y en su vida. Por eso comete todo tipo de actos "despreciables" para lograrlos. El quiere estar rodeado de placer, gracia, belleza y la mujer joven y bella es sinónimo de ello. Por eso no nos extraña que en un momento de la obra, Caligula reflexione para sí, diciendo que es "preferible tener una Drusila muerta que una Drusila vieja"...
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lunes 14 de enero de 2008
La buena música: el arte de Iron Maiden
La música es un arte y la vida en cierta forma también lo es. Hay así géneros musicales, en ellos bandas y de ellas canciones que, por algún motivo que desconocemos y en algún momento de nuestra existencia, nos ha tocado como "la delicada pero efervescente mano de lo que amamos -una mujer, diría yo" en lo más profundo de nuestro ser.
No sabemos qué es exactamente y por qué ese grupo, esa cantante, ese instrumental y sus canciones penetran tan profundamente en nuestra sensibilidad, nos transportan a otro estado de fina percepción y nos hacen ver -al menos parcialmente- la vida de otra manera, la vida "en el color de una sensual sonrisa de mujer".
Esta otra manera de sentir las cosa, nos da vida y con ella una fuerza especial para seguir viviendo -sobreviviendo-, en este mundo tantas veces poco humano e infeliz, dándonos esa fuerza misteriosa para reír.
Este es el caso -en el mundo del Rock- de Iron Maiden, la banda británica, liderada -a pesar de ser Steve Harris, el bajista, su fundador- por Bruce Dickinson, una de las voces más originales, potentes y virtuosas en el mundo del Heavy Metal y el Rock. Su música, que se ha caracterizado por un sonido fuerte y lleno de virtuosismo, y de letras con aparentes simbologías al "satanismo", no es otra cosa que la mejor expresión de rock fuerte y potente -en las cuerdas de Harris y Gers- y el fino y "divino" virtuosismo en las curiosas oscilaciones melódicas -de Dickinson y Smith- para componer canciones -sobre todo melodías- que, desde hace más de dos décadas, nos hacen sentir "la totalidad de la vida" de manera intensa y armoniosa.
Canciones como The Trooper, Halloweed by the Name, Wasting Love o Blood Bhroters son ya clásicos del Heavy Metal en particular y del Rock en general.
En sí, el arte melódico en las oscilaciones de fina agudeza de Bruce Dickinson, hacen, sin descartar sobre todo la guitarra de Adrian Smith y el bajo de Steve Harris, de Maiden la banda de mejor performance en el altibajo mundo del metal.
Aquí, una de las canciones que más amo: Wasting Love.
No sabemos qué es exactamente y por qué ese grupo, esa cantante, ese instrumental y sus canciones penetran tan profundamente en nuestra sensibilidad, nos transportan a otro estado de fina percepción y nos hacen ver -al menos parcialmente- la vida de otra manera, la vida "en el color de una sensual sonrisa de mujer".
Esta otra manera de sentir las cosa, nos da vida y con ella una fuerza especial para seguir viviendo -sobreviviendo-, en este mundo tantas veces poco humano e infeliz, dándonos esa fuerza misteriosa para reír.
Este es el caso -en el mundo del Rock- de Iron Maiden, la banda británica, liderada -a pesar de ser Steve Harris, el bajista, su fundador- por Bruce Dickinson, una de las voces más originales, potentes y virtuosas en el mundo del Heavy Metal y el Rock. Su música, que se ha caracterizado por un sonido fuerte y lleno de virtuosismo, y de letras con aparentes simbologías al "satanismo", no es otra cosa que la mejor expresión de rock fuerte y potente -en las cuerdas de Harris y Gers- y el fino y "divino" virtuosismo en las curiosas oscilaciones melódicas -de Dickinson y Smith- para componer canciones -sobre todo melodías- que, desde hace más de dos décadas, nos hacen sentir "la totalidad de la vida" de manera intensa y armoniosa.
Canciones como The Trooper, Halloweed by the Name, Wasting Love o Blood Bhroters son ya clásicos del Heavy Metal en particular y del Rock en general.
En sí, el arte melódico en las oscilaciones de fina agudeza de Bruce Dickinson, hacen, sin descartar sobre todo la guitarra de Adrian Smith y el bajo de Steve Harris, de Maiden la banda de mejor performance en el altibajo mundo del metal.
Aquí, una de las canciones que más amo: Wasting Love.
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lunes 31 de diciembre de 2007
Adiós 2007
No tengo duda de que este año fue un año de aprendizaje para mí. Y un año de aprendizaje en una diversidad de aspectos. Aprendí, por ejemplo, que no hay nada más grande que el valor de la amistad, que tener "amigos" significa, en verdad, algo muy preciado, quizá el regalo más importante que existe en la vida. Abrir tu corazón a alguien y permitirles ver los pliegues de nuestro ser y sentir que ellos nos corresponden es en verdad toda una aventura del alma. Eso, en realidad, es algo tan bello como aleccionador.
Aprendí, también, a ser responsable y perseverante. A saber que si uno quiere lograr algo, aun cuando esto sea 'difícil', depende en realidad de uno mismo, de las ganas, la energia y el optimismo para conseguirlo. Aun cuando no haya nadie que te dé la mano, la mano puede estar escondido por las "trampas de la razón" o "la sequedad del corazón. Es decir, siempre hay una mano ahí. Y sí, no tan alejado de ti.
Aprendí, también, a ser responsable y perseverante. A saber que si uno quiere lograr algo, aun cuando esto sea 'difícil', depende en realidad de uno mismo, de las ganas, la energia y el optimismo para conseguirlo. Aun cuando no haya nadie que te dé la mano, la mano puede estar escondido por las "trampas de la razón" o "la sequedad del corazón. Es decir, siempre hay una mano ahí. Y sí, no tan alejado de ti. Que las cosas malas que pasan, y que solemos maldecirlas y lamentarlas, pasan siempre por algo -parece un cliché, ¿no?-, y que el recuerdo triste o desesperado de ese "algo", en el momento menos indicado, se abrirá como una flor amarilla para mostrarnos la "picante verdad" de la luz. Y que, antes o después, con la dignidad de ser "humanos", nos servirá para saber lanzarte en la piscina de la vida y bucear con pasión para tener el valor de hacer unas cosas y la elegante mesura de no hacer otras. Cosas que, estoy seguro, nos dan esos dardos de luz que iluminarán nuestro ser. Un ser que sin 'la luz' no es realmente un ser.
Que, por ejemplo, en la literatura -mi gran pasión-, como en la vida, nada está dicho y que vivir una vida, por más mísera que parezca es, en cierta forma, como escribir una apasionante novela y ser parte de él. Porque leer un libro -es decir navegar en la más apasionante y exótica vida-, conocer unos personajes, habitar unos escenarios, presenciar unas acciones y, estoy seguro, emborracharte con intensas pasiones, nos enseñan y nos ofrecen una visión más luminosa, rica y aleccionadora de lo que es o puede ser -si tú lo quieres así- la vida, tu vida. Y que para un escritor -un artista; no olvides que tú también lo eres- vivir es también una maravillosa e irrepetible manera de aprender a enfrentarse a esa feroz pero apasionante "hechizo de vida" que es crear personajes, inventar situaciones, disponer actitudes y zambullirte en pasiones, disfrutar con sus goces y creer que de alguna forma, vivir, como leer o escribir, es un colorido plato de acuarelas que necesitamos para hacer de nosotros, de nuestras vidas, esa deseada pintura que anhelamos ser en lo más profundo de nuestros corazones. Así, en cierta manera, vivir y soñar, terminan siendo dos magníficas formas distintas pero complementarias de aprender a ser verdaderos "seres humanos", es decir ese curioso y particular ser que alguna vez Dios soñó de nosotros.
A ustedes, aun cuando no los conozca, mi gratitud por ayudarme a ser lo que ahora soy. Porque, en sus seres, puede anidar la mágica semilla que alguna vez inspiró a genios, magos, príncipes de las letras, como un Proust o un Camus, a crear esos personajes que he amado y amaré toda la vida, porque gracias a ellos, a su arte, me ayudaron a vivir una vida que de otra manera no hubiese soportado.
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